domingo, 22 de septiembre de 2013

Darío Santillán. La Dignidad Rebelde




Nota Editorial al libro de Miguel Mirra Darío Santillán. La Dignidad Rebelde.Testimonios documentales.







“La sangre derramada nunca seca”







Un asesinado por la espalda que se solidarizaba de frente.

Un joven, un aglutinador de voluntades diferentes para intentar cam­biar ‘algo’ de lo padecido cotidianamente.

Ora los inundados, ora la bloquera, ora la familia sin tierra.

Un sin tierra, un sin trabajo, un sin mucho horizonte más que la alegría de luchar por hacer diferente el destino de muchos junto a otros muchos.

Tierra de organización y comunidad, zona conocida como el sur del conurbano de la Provincia de Buenos Aires: Lanús, Solano, Florencio Varela, Quilmes, tierras –como tantas otras–, donde la política repug­nante de los partidos vernáculos hacen de la política algo nefasto, lo de siempre; los funcionarios se enriquecen en lo individual empobreciendo a las mayorías, arrojando migajas al pobre que acepta sumisamente dá­divas electorales del poder de turno. Y frente a esta realidad una frente rebelde, una más de otras más, especial, diferente como otras tantas, y un frente acumulador de sueños, una organización desafiando el poder opresor, una historia que se repite en el transcurso de la historia de nues­tras tierras.

Voces pensantes, cambiantes frente a la realidad. Porque bien se cum­ple aquello que dicen los caribeños “la teoría siempre se jode frente a la práctica”.

Había que cambiar las prácticas y se cambiaron, con ideas y acción.

“Che, que te parece Martina si juntamos un montón de mamás como vos, que no tienen un hogar, que no tienen un terreno propio, para tener un espacio más grande, una casa para ustedes.

¿Y como hacemos eso para que nos den? 

Y tenemos que hacer un acampe.”

 [Diálogo entre Darío y Martina]



En este contexto de poder dominante y la ausencia de lo básico para una digna vida, los planteos justos repiquetean en las cabezas de las insti­tuciones opresoras como gritos de rebelión antidemocráticos que lindan el terrorismo.

Y se aprueban leyes para socavar todo intento de clamor popular que tome las calles.

O disparan a matar, como a Darío, Maxi, Mariano –y tantos otros militantes asesinados– para cultivar el germen del miedo a la organiza­ción popular opuesta al sistema donde manda el capital.

¿Es que acaso debe el pobre andar rogando para sobrevivir en este sistema de supuesta inclusión con excluidos encubiertos en mantos de asistencialismo?

¿Hasta cuándo la masa marginada debe aguardar los lentos cambios de un poder dominante político cómplice de los acuerdos con el poder económico para una gobernabilidad pacífica?

¿Es justo acaso seguir postergando lo que falta cuando en un país sobra tanto y unos pocos tienen todo y otros muchos tienen tan poco o nada?

¿Es cuestión solamente de salir a reclamar infructuosa e interminable­mente mientras la muerte sigue acechando tempranamente la vida los pobres?

Ante la pregunta de Martina “¿Y como hacemos eso para que nos den?”

La respuesta de Darío: “Y tenemos que hacer un acampe.”

¿Que nos den o tomarlo?

Y Darío, y el frente, la organización, iban más allá, como queda ex­presado en los testimonios que, en una gran tarea, recoge Miguel Mirra.

No sólo era tomar tierras, o salir a las calles a reclamar el aumento del plan trabajar, los interrogantes perforaban la dura roca de la existencia e iban más adentro, hacia las entrañas del problema, hacía la úlcera lacerante que afecta a todos los miserables, a los pobres que sufren las consecuencias de este sistema económico y político.

“La democracia, no como modelo político de representación, sino democracia donde todos participamos, donde todos podemos de­cidir. La consigna que tiene el Movimiento de Trabajadores Desocupados es el trabajo y el cambio social. Nosotros no queremos nomás que el plan trabajar de 150 pesos porque sabemos que por un lado no alcanza, y que con eso no cambiamos la realidad de nuestro país. Nuestro objetivo final es cambiar la sociedad en la que vivimos. Y decir “no” al modelo. Nosotros creemos que va por ese lado, nosotros creemos que se puede cambiar acá la sociedad en que vivimos.” [Darío Santillán]

Estas son las ideas de Darío, como las de muchos otros que junto a él construían un pensamiento crítico, como las de otros tantos en diversos frentes y organizaciones a lo largo de nuestro país.

Es la voz sonante de los desposeídos en busca de la dignidad avasallada.

Es la esperanza reflejada en que si unos pocos pueden alzarse en su interior y en derredor, otros muchos también pueden hacerlo.

[Marcelo Cafiso desde El Bohío Nuestra América Editorial Septiembre 2013.]


 

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