sábado, 13 de septiembre de 2008

Un jardín ha perdido una rosa, su nombre era Celia Hart.


Un jardín ha perdido una rosa,

su nombre era Celia Hart.

Uno no puede reponerse todavía de los vientos que azotan una vez, que ahí nomás, en seguidita, vienen otras ráfagas que nos mueven y remueven para hacernos sentir tan endebles ante la fiereza de una realidad.

Es la naturaleza! , Es la ley de la vida!, Deberíamos racionalizar y expresar concienzudas y serias reflexiones.

No es posible ahora, no.

Porque la muerte siempre es feíta.

...

Cuando las posibilidades estuvieron al alcance de la mano, las tomamos por asalto a través de la risa y la discusión.

Así nació inagotable y perdurable, en el tiempo incontable, una relación afectuosa con esta cubana rosa.

Su coraza científica(una física), su enérgica presencia, su risa desacartonada, su desalineada postura frente a la rigidez de la formalidad fueron pinceladas de su cuadro, de su vida.

Su madre Haydée Santamaría se me adentró al corazón sin haberla conocido, a través de las anécdotas de los amigos, y de los hechos palpables aún hoy en la historia de la revolución Cubana.

Compartí agradables charlas, presentaciones de libros e intercambios con su padre, Don Armando Hart, quien tuvo el placer de disfrutar y aguantarse las bromas, críticas y sugerencias del irónico argentino que marcó a fuego a toda la familia de manera íntima y particular.

Y luego, en una de esas sendas de piedras ancestrales en lo alto de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña en la Habana y recostados en la antigua comandancia, discutimos con Celia María un proyecto que rondaba el homenaje, la memoria, y el recuerdo de Haydée Santamaría. Se entusiasmó, se alegró y le puso leña al fuego de las discusiones editoriales. Ella misma se puso a trabajar con tanto fervor que abrió las puertas de su corazón al baúl de los recuerdos y desempolvó historia, fotos y otros inéditos para ponerlos al alcance del lector. Y con la sencillez de los que no se suben al caballo de la soberbia aportó todo y aceptó agradecida la colaboración inestimable de una mujer valiosísima en la historia de Cuba, una editora genial y creativa, Mirta Muñiz Egea. Juntas y en yunta trabajaron con amor para dar a luz un libro que es un canto a la vida. “Haydee, del Moncada a Casa”.*

El ron, la música, el choteo cubano, las encendidas discusiones sin importar el rango de quien tuviera en frente, la alegría y la esperanza en un mundo mejor la vestían de punta en blanco como cien por ciento cubana.

Se podía disentir, se podía estar lejos o cerca de sus opiniones y a veces hasta enojarse para volver a enamorarse de su pasión. Discutir con ella era inevitable, como la lluvia que en algún momento de su recorrido interminable mojará la tierra; el sabroso momento siempre llegaba y era bienvenido. El arte de la discusión. Provocadora como pocas, sabía despertar neuronas y acallar ortodoxias.

Deja mucho más de lo que nos imaginamos, deja un camino que otros sabrán andar.

Dejó afectos, hijos, y amigos que la extrañaremos y la recordaremos con eso que nos hace tan humanos, risas y llanto.

Quizás el mejor final para estas húmedas palabras que se piantan sin permiso para recordarla, sea un párrafo del prólogo al libro mencionado, donde la misma Celia escribió: “...entonces sólo es bajar la cabeza, quitarse el sombrero y deslizar lágrimas de piedad por nosotros y no por ellos que están más vivos que muertos...”*

Abel Enrique y Celia María,

Hasta la Victoria Siempre!.


*Haydée. Del Moncada a Casa.

(2005)Nuestra América Editorial.

Buenos Aires


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