miércoles, 15 de agosto de 2007

No corresponde

Todas las noches se encontraban en la verja. Se abrazaban, besaban, contaban las anécdotas del día, reían y despedían en medio de una oculta tristeza. Esa noche fue especial.
Ella le dijo: ─¿ Querés una empanadita?, recién venís de trabajar, tenés hambre, estás más flaco, te traigo una, están muy ricas─
Bueno dale, gracias, mi amor ─ Contestó tímidamente él.
Se demoró en regresar, hasta que la puerta se abrió y la cabeza gacha asomó delante de su cuerpo como una locomotora agotada.
¿Que te pasó?─ preguntó él.
Nada, nada, déjame, no pasa nada─
Tomó el rostro entres sus manos que se humedecieron inmediatamente.
─Estás llorando, por favor que pasó, contáme─

─ Dijo...dijo...que...no corresponde─ y largó un llanto desconsolado abrazándose a él.

Juntos lloraron fundiéndose en el amor.
Luego de susurros al oído, unas palmaditas en la espalda, unos besos, caricias y sonrisas cómplices, él le pidió que volviera dentro de la casa para cenar.
Hizo lo mismo con las otras dos espectadoras silenciosas que puchereaban y contenían, como siempre, las lágrimas que pendían como gotas de rocío en las tiernas hojas de sus pestañas.

La niña de siete años regresó con sus hermanas a la mesa, para cenar las empanadas que había hecho su madre y que no correspondía compartir con el padre que tenía hambre y pasaba a decirles que, a pesar de todo, la vida era hermosa porque había personitas como ellas y la esperanza estaba viva a la vuelta de la esquina.


Marcelo Cafiso,
desde el Bohío.
Año 2007.

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