sábado, 25 de mayo de 2013

GUD BAY FOKLAN de Miguel Ángel Francisco Nota editorial, por Marcelo Cafiso.




GUD BAY FOKLAN
de Miguel Ángel Francisco
Nota editorial, por Marcelo Cafiso



Un querido amigo y compañero, Rodolfo, conocido como Bordolino, se acercó cierta vez al Bohío y entre mate y mate me contó que un contacto en las nuevas tierras que lo cobijarían de aquí en más, había escrito una novela que estaba “buenísima” y que tenía que leerla, que me iba a encantar y que había que hacer lo imposible por editarla. La confianza en el otro nos hace abrir las puertas del poco tiempo que disponemos para otras lecturas. A los meses la leí y queda­mos mediante nuestro contacto en común encontrarnos con el autor en los pagos de la editorial. Viajaron desde la localidad de Bolívar para conocernos en persona, dialogar y acordar las posibilidades de publicarla. Miguel, el autor, vino con su compañera, uno de sus hijos y el amigo en común. Tras una buena mateada no pude menos que ofrecerles un almuerzo pero todo estaba escaso de provisiones y ter­minamos comiendo unas riquísimas milanesas en lo del Ricky Berger aquí a la vuelta. (Lo del Ricky -Ricardo- Berger es porque alguna vez entre milanesa y cerveza intercambiamos sobre John Berger a quien él leía luego de regresar a su casa con el aroma a aceite quemado de las milangas para el barrio). En ese viejo bar, cuasi oculto, de barrio, las sillas desvencijadas crujieron para terminar de sellar nuestro acuerdo e intentar publicarlo cuando los vientos soplaran para nuestro lado. Y así en un encuentro de coincidencias en ideas y luchas cotidianas nos lanzamos a la hermosa aventura de editar esta obra por la cual estamos agradecidos que el autor comparta con la editorial y de esta manera darla a conocer a nuestros lectores.
Vamos a la obra.
Hay una vasta literatura sobre Malvinas y más profusa aún en los úl­timos tiempos ya que se ha recordado especialmente el 30 aniversario de aquel fatídico desembarco.
En el análisis de las obras publicadas los críticos literarios han di­fundido la tesis de que solamente hay dos únicas formas posibles de realizar un relato sobre Malvinas.

Ellas son: el realismo o la ciencia ficción.
Gud Bay Foklan profana esta sentencia desde la creatividad y el ingenio exhibiendo una tercera forma.
¿Quién dijo que todo está establecido?
Tomemos una frase de uno de los personajes, el Pollo Bertuchi, para adentrarnos en esta otra forma de literatura sobre Malvinas.
“soñé que venían esos hijos de puta de los ingleses y nos hacían mierda”
Relata un sueño en medio de una realidad. Un sueño que nosotros lectores sabemos que fue “la realidad” del tema que se desarrolla pero que no es “la realidad” del personaje que lo sueña.
Gud Bay Foklan, es una novela surrealista que en su recorrido tiene cierta linealidad y donde lo onírico y lo simbólico son plato cotidiano al deglutirla.
En el segundo Manifiesto del Surrealismo decía André Bretón: “Todo conduce a creer que existe un cierto punto del espíritu donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo dejan de ser percibidos contradictoriamente”.
¿Por qué recordar esta declaración de Bretón en esta modesta previa a comenzar a leer la novela?
Porque la lectura de una obra surrealista necesita de un espíritu es­pecial y además en este caso particular tratándose de un tema tan cercano o “tan caro”, a los argentinos, nos debe preceder un estado especial de entrega a una obra con características nunca antes leídas en la literatura sobre Malvinas.
Como bien lo explica Pierre -Jean Jouve en “Vagadu”: “la lectura de obras surrealistas requiere una inclinación especial del espíritu, y el lector deberá renunciar a comprender claramente en el primer momento, debiendo atender a las cosas variadas, pero insistentes, que pasan ante sus ojos”.
En Gud Bay Foklan lo lógico y lo mágico navegan por sus páginas porque todos sus caminos están abiertos a los anhelos del hombre.

Desarrollo de la obra.
En la voz del Pollo Bertuchi, cabo de infantería de marina, surge el relato desde abajo, desde lo más directo y sencillo que un soldado argentino puede hacer desde Puerto Argentino en las Islas Malvinas.
Con su inseparable amigo, también de armas, el Chino Lugüercio, hacen pata ancha, como se dice, con su condición de soldados argen­tinos y lo portan con orgullo, al decir de su propia boca:
“estábamos vestidos de gala, luciendo nuestros impecables uni­formes de infantería de marina”.
Tienen algunas cosas claras, como todos, y otras, a la vez, llanas y confusas, como muchos, gracias al sistema educativo (o su ausencia) y las bajadas de línea a través de todos los medios disponibles en la sociedad nuestra de “educar al soberano”. El resultado de los claros­curos lo expresan claramente, sin atisbos de dudas, en un diálogo con el médico de las Islas: “Mire doctor, para poner las cosas en claro, nosotros no somos ni fachos ni bolches como usted dice. Nosotros somos patriotas”.
Y así esgrimiendo ese concepto de arrastre desde la época del Cabildo Abierto pasando por las películas del norte brutal que ensalza la fi­gura de los “patriots” en defensa de una bandera, sin importar si se defiende a la misma clase que oprime a quien ponga el cuerpo como escudo, es que estos dos muchachos, jóvenes, de no más de diecinueve años nos transmiten lo que va sucediendo en las Islas Malvinas y en el resto del continente. En sus diálogos nos transfieren eso que tantos argentinos, seguramente en su fuero interior anque algunos exterio­rizándolo, han sentido, vivido y esgrimido tantas veces en el día a día, en la calle, en el almacén, en la cancha de fútbol, en el bar, en la escuela o en la universidad, un sentir nacional totalmente diferente del amor a la tierra, a la vida, al prójimo, al que comparte el pan con el otro, tan diferente que está más cercano a un amor al estilo del histórico lamebotas Napoleónico de Chauvin.
Sin rodeos, la novela escrita por Miguel, profesor de filosofía de la ciudad de Bolívar, en la provincia de Buenos Aires, empieza así:
“Llegamos a las islas para quedarnos y así lo hicimos. Jamás en la historia fuimos derrotados en una guerra ¿por qué íba­mos a perder ésta?”.


Nuestros dos soldados no tienen dudas si, luego de retener las islas para patrimonio nacional argentino, hay que abandonarlas o quedar­se en esas desoladas y congeladas tierras:
“Yo me quedo, mirá si a estos hijos de puta de los ingleses se les da por volver”.
Si buscamos el por qué de quedarse lo hallamos en esa imagen que les imprimieron en los sueños los dueños de siempre a los soñadores del otro siempre.
“Conquistamos la soberanía –al otro día que los ingleses se rajaran con la cola entre las patas–, aterrizó en las Islas con un ministro de economía, un cura católico que nos bendijo mandando al quinto infierno a todos los protestantes y una comitiva de empresarios que prometieron desarrollar impor­tantes proyectos productivos...De todos los proyectos, el único que prosperó fue el prostíbulo Maracaibo, del Tano Lioca, con cinco paraguayitas que no dieron abasto los dos primeros años.”

El humor es parte esencial en este relato, tan permanente que a veces la risa nos atraganta con situaciones incómodas, hasta el punto que nos genera arcadas de tanto humor ácido, ironía y acalorados hechos a través de un ser nacional perfectamente pintado en el muro de los diálogos de esta nueva trinchera literaria.
Los senderos se bifurcan, bajo el mismo frío sin perder la ráfaga de aire helado, en el transcurso del relato y nos encontramos con una rica y atractiva variante de sucesos que nos atrapan con la expectativa de la ansiedad de voltear rápidamente la siguiente página y saber qué sucederá.
Algunos ejemplos al paso.
El pensamiento estrecho y recalcitrante de un sector religioso a tra­vés del cura Pereyra, que en cierto momento de delirio se dedica a bautizar ovejas cimarronas, se expresa así ante el amotinamiento de un grupo de soldados: “…los subversivos, había que hacerlos bosta…debí haberlos fusilado sin miramientos por comunistas apátridas hijos de puta”.
O el mar entero se congela y une a todo el continente por el cual se puede manejar una 4 x 4 hasta que regrese el sol...
Un monstruo como el del Nahuel Huapi les hace compañía.
O un supuesto chupacabras que deja un tendal de ovejas muertas en los campos de las Malvinas.
El querido amigo del hombre, un Saryen Pepper que cambia de un día para el otro y pasa a ser un “Perro boludo, mirá el cagazo que nos pegó”
Quien diría que el bautismo de fuego con una fuerza extranjera en las islas sería algo así:
¡Vamos, carajo! ¡Con los argentinos no se jode!
–Resistir, y si es necesario, dejar la vida por la patria. ¿Para qué estamos acá, sino?
No había alternativas. Las únicas defensas argentinas de las islas éramos nosotros. Y me dio bronca. Digo la verdad. No porque fuera a morir si era necesario como bien lo había plan­teado el Chino. Me daba bronca tal como estaban las cosas. ¿Es que a nadie en nuestro país le importaba un carajo? ¿Que cuando hay que defender algo importante siempre quedan dos?
Me puse a saltar en la colina, de cara al buque que estaba completando el giro. Con una mano sacudía el casco y con la otra me agarraba las bolas para que los ponjas se calentaran.”
Y como todo grupo humano, aunque sean solo dos, no están exen­tos de lo que nos afecta en las relaciones humanas, y surge en el relato aquello que nos preguntamos en ciertos momentos de nuestra vida al desatarse el conflicto con el otro. ¿Qué nos sucede cuando estamos solos en picada y nos encontramos con nosotros mismos y nuestras desventuras, cuando nuestras miserias flotan en el agua gélida que se congela al punto de convertirse en un espejo que nos devuelve nuestra asquerosa imagen de necios y rapaces seres de naturaleza humana?
No faltan las frases que seguramente hemos oído en nuestra coti­dianeidad, “Estos son peores que los Ingleses”, “Estos hijos de putas son comunistas”.
Y aparecerán personajes que nos hará preguntarnos ¿wtf? o por ejemplo,

¿Qué hace un Vladimir Ilich arribando a las Islas y dejando su pen­samiento de esperanza navegante jamás hundida entre los seres hu­manos de justas ideas?
¿Un Acorazado Potenkim II en las Malvinas?
Y así un sinfín de historias que nos acerca esta nueva forma de na­rrar “Malvinas”.
Esto pudo haber sucedido y tal vez las reacciones que descubramos en la narración nos recordarán a ciertos sectores de la sociedad argen­tina frente a semejante realidad.
Se hacen falacias de la historia pero está en nosotros, sujetos de transformación de nuestro tiempo, el cambiarla, el torcerla o retorcer­la para lograr en nuestra historia, hoy y mañana, una vida más feliz y justa para todos, para todos los que no oprimen.
Una novela surrealista que es un germen de insurgencia, de los más importantes, el de la conciencia sobre lo que realmente somos y la historia que escribimos cotidianamente.
Desde el Bohío, 25 de mayo 2013
Marcelo Cafiso
Editor.

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